En las iglesias de Cali los santos lo miran a uno con unos ojos muy de humano, café oscuro. Hace ya mucho que las nutrias no se bañan en el río Cali, me cuenta mi mamá que uno las veía jugar en la orilla y hacer carreras cuando el río se subía por el temporal. Las mataron para ponerles ojos a los santos y que lo miraran a uno sabiendo cuánto y cómo y dónde fornicábamos. Yo sueño con que el río Cali vuelva y se llene de nutrias y que jueguen en la orilla y arrastren la cola entre las piedras que me vieron crecer.