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Este Medellín mío con sus luces en las montañas y su "presunta" calma. Este fragmento me llevó a pensar en la obra de la artista visual Andrea Henao, periferia: https://www.instagram.com/p/B8U72cQJgyB/?igshid=i2rey9liz9ct
Es muy triste hablar desde un lugar como este. A pesar de esto, me parece un ejericicio hermoso que nos hace pensar en el otro más allá de las fronteras (Muy visibles). Para algunos (como yo) que vivimos un tiempo en la comuna y luego en el edificio, es difícil ver ahora desde lejos el sufrimiento que familiares y amigos sufren, con el tiempo se vuelve algo incierto y cada vez más extraño. HERMOSO!
Disfruté de este momento: somos nada en medio del caos. Al menos somos una pequeña luz en la gran comuna.
Viendo la reflexión inicial y la imagen interactiva, me hace pensar que uno siempre es luz y oscuridad, y dependiendo de las circunstancias (en este caso el cursor) se toma una u otra polaridad. La pregunta puede ser entonces ¿qué del otro nos hace luz u oscuridad?
Aquí la ciudad se puede ver a partir de las luces, la oscuridad y las formas pero también de los cambios. Cuando la ciudad es invadida por el cursor, esta cambia inmediatamente. Esto es lo mismo que hemos podido ver con la cuarentena: cómo el mundo y las ciudades se transforman cuando no estamos en las calles y la naturaleza y los animales vuelven a tomar su lugar. Debemos reconocer que ellos estuvieron antes.
Uno puede mover el cursor y cambiar la polaridad, lo otro se sale de control: líneas, luces, texturas, colores. ¿Y si eso es la literatura? ¿y si uno sólo mueve el cursor y lo otro hace lo suyo sin tenerlo en cuenta a uno? Conmueve pensar el espacio, el paisaje, las luces como una cosas que movemos desde la fragilidad y que nadie controla en sí, es que ni Dios.
Que increíble, le hace pensar a uno entre la imagen y los textos en las cosas que uno vive, y en las cosas que un ve de lejos, tal vez a algunos le permita reflexionar sobre las cosas de las que somos testigos y por las que no hacemos nada, o simplemente no podemos hacer nada... lo frustrante que es vivir en un mundo voraz, incapaz de percibir al otro, al que no pertenece aquí o allá, y por el contrario la belleza de encotrarse con el otro, el que siente amor y se preocupa por las condiciones del otro, por el que no está en ningún lugar.